Siempre flotaban en el aire los perfumes de los dulces de leche y nuez que hacía mi abuela, los de sus conservas y mermeladas, los del tomillo y el epazote que crecían en macetas en...
—Sofía Segovia
Había dos ángeles en la familia, además del niño, que era yo. Cuando mi mamá hablaba de mí, decía como disculpándose: éste es el niño. O es el pilón.
Comprar terrenos y empezar de cero en otro lugar. En el pujante Monterrey. Sin embargo, en la intimidad y la inmediatez que proporciona dormir hombro con hombro, Beatriz le había dicho: Francisco, ya duérmete.
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