Entonces la besó, separando aquellos labios suaves con los suyos. Su sabor era perfecto, a lluvia nueva. El beso se hizo más profundo, recorrió su cuerpo con las manos, la atrajo hacia sí. Pero entonces ella se retiró y sonrió. Sin decir nada, le besó la nariz, la comisura de los labios, y después un hoyuelo de la mejilla. Cuando le levantó la camisa, creyó que el corazón iba a dejar de latirle. Él la ayudó y se la quitó por encima e la cabeza. Los ojos de Aria recorrieron aquel pecho, y sus dedos resiguieron las marcas. Él no lograba respirar más despacio.-Perry, quiero verte la espalda.Otra sorpresa, pero él asintió y se dio media vuelta. Echó la cabeza hacia delante y aprovechó el momento para intentar calmarse un poco. Aria dibujó con su dedo el perfil de sus alas sobre su piel, y él dio un respingo y soltó un gemido. Se maldijo a sí mismo: ni queriendo habría podido sonar más salvaje.-Lo siento- susurró Aria.Él carraspeó.



