A fin de cuentas, la única cosa sensata que hacían las personas en el mundo era mantener el empeño por amarse.
—Eduardo Sánchez
Mi propósito es claro: le vendería el alma al diablo, a cualquier diablo, para que me devuelva la serenidad de aquel abrazo.
El amor -ese día lo entendí- no es más que un profundo sentimiento de derrota
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